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Reseña histórica documentada por Javier Mozas. Fotografías de Levante-emv y Las Provincias.

El cargo de Fallera Mayor nace de la confluencia de los Juegos Florales organizados por Lo Rat Penat y los concursos de belleza de mises que tuvieron su eclosión en las décadas veinte y treinta del siglo pasado.

La elección en dos años consecutivos —1929 y 1930— de una valenciana para el concurso de Señorita España (ahora Miss España), propició que el Comité Central Fallero organizara su propio concurso para elegir a Reina de las Fallas, uniendo de esta manera “un festejo tan bello como el de las fallas con algo más bello y hermoso” como la mujer valenciana que es “cantera inagotable de reinas y campeonas de belleza, que han asombrado, no sólo a España toda, sino al mundo entero”, en palabras del diario El Mercantil Valenciano.

La primera sesión fue el sábado 13 de septiembre. En el Umbráculo de los Viveros, situado en la parte recayente a la antigua Feria Muestrario, se instaló una plataforma que imitaba al Puente de Plata del teatro de la Ópera de París. Las 59 bellezas falleras que se inscribieron, llegaron al recinto acompañadas de sus familiares y comisiones falleras, se les regaló un ramo de flores y se sentaron en un espacio habilitado para ellas.

A continuación, el presentador y fallero de Benicalap, Vicente Boada, fue anunciando a cada concursante en voz alta —el micro no funcionó—, y cada candidata desfiló por la pasarela con su vestido de fiesta, arropada por los aplausos y piropos del público. La decisión final dependió de la cantidad de aplausos y vítores recibidos por cada una, siendo tal valoración recogida por un jurado compuesto por el conde de Berbedel —en representación del Ayuntamiento—, don Julio Jiménez y don Vicente Meseguer, por la Asociación de la Prensa; don Manuel Sigüenza y don Manuel Giménez Cotanda, por el Círculo de Bellas Artes, y don Julián Vilella y Jesús Lleó, presidente y vocal del Comité Central Fallero, respectivamente.

Una vez acabado el desfile, el jurado realizó la correspondiente deliberación, y pasados unos minutos se fue anunciando el fallo del jurado a los sones del Himno Regional que tocaba en directo la banda de la Unión Musical, a la vez que el conde de Berbedel colocaba a las once elegidas, las bandas acreditativas, que fueron bordadas en la casa de la viuda de Bienvenido Gurrea.

Las once preseleccionadas fueron: Teresa Ballester (Gracia-En Sanz), Carmen Mas (Sorní-Grabador Esteve), Carmen Huélamo (Conde de Salvatierra de Álava), Ángeles Algarra (plaza de Calatrava), Caridad Molina (Doctor Olóriz), Teresa Aledón (Mislata), Maruja Comín (Cabañal), Vicenta Blesa (plaza de la Merced-Gracia-Linterna), Teresa Visach (Fresquet), Amparo Serrano (plaza del Molino de la Robella), y Amparo Beút (plaza del Mercado).

La polémica de esta preselección saltó cuando se conoció al principio que al menos las candidatas de las comisiones falleras de Cuba-Denia y la Plaza de Mosén Sorell no habían nacido en Valencia. Aunque más polémico fue el de la elegida Carmen Huélamo, que tuvo que desmentir que no había nacido en Cuenca, sino en Massanassa y que de pequeña marchó a la ciudad castellana. La velada se alargó hasta las tres de la madrugada con música allí mismo para todo el público asistente, las elegidas, y el jurado.

Al siguiente sábado, día 20 de septiembre, tuvo lugar la fase final de la elección del concurso de Bellezas Falleras. A las once elegidas se les impuso una banda de seda con los colores nacionales y el escudo bordado del Comité Central Fallero. Durante el acto, “los comentarios corrían de boca en boca, haciéndose cálculos y apostillas sobre quien había de ser la agraciada [Reina de las Fallas]; no faltaban los murmuradores que, dándoselas de entendidos, bajaban el tono de voz, y después de alargar la cara pronunciaban al oído un nombre cabalístico, que en boca de aquellos “sabihondos” era como una letra a “pocos minutos vista”.”

Esta vez, y para evitar el fallo técnico del micrófono, la reconocida Casa Guzmán instaló uno nuevo, que fue utilizado por el conocido periodista Tristezas para retransmitir el acto. Esta segunda noche consistió en el desfile de las once señoritas elegidas el sábado anterior y, una vez finalizado, el jurado —compuesto por los mismos miembros más Enrique Molina por la Asociación General Fallera Valenciana—, tras unos breves minutos, procedió a dar a conocer el veredicto final y proclamó a Ángeles Algarra Azuara como Reina de las Fallas 1931. La vencedora también ganó una “torrá de llonganises y botifarrons” ofrecida por el acreditado carnicero Andrés Alfaro. Muchos comercios y empresas colaboraron con regalos, que fueron repartidos como premios entre todas las candidatas.

El conde de Berbedel, a los acordes del Himno Regional, le impuso la banda con la Senyera. A continuación, y a los acordes de El Fallero, le impuso a su Corte de Honor la banda con los colores nacionales, acompañada de un ramo de flores y una caja de bombones. Para finalizar el acto protocolario, todas las candidatas abandonaron el escenario desfilando por la pasarela, ovacionadas por el público, y se dirigieron al restaurante donde se les ofreció un lunch. Días después, el fotógrafo Valentín Pla les obsequió con el magnífico reportaje fotográfico de esas veladas.

La elegida, Ángeles Algarra Azuara, desfiló con un sencillo traje de creppé satín, terminado con un elegante cuello de azabache mate, con canutillo plata y perlas; los pendientes eran de perlas estilo portugués. En su corta agenda de actos, normalmente acudió con trajes de fiesta, que lo combinó en ocasiones puntuales con el traje de valenciana.

Nació en el año 1910 en la localidad de Cheste y falleció el 11 de marzo de 1981. Era la hija menor del afamado doctor Eduardo Algarra Moreno —que tenía su clínica en la calle de Caballeros, 20— y de Dolores Azuara Cebrián. Era morena, tenía 19 años en ese momento, y la prensa la describe como simpática, sonriente y atractiva. Estaba estudiando último curso de piano del Conservatorio de Música de Valencia, y entre sus aficiones estaban el cine y la lectura, teniendo como ídolos a la actriz Greta Garbo y al novelista Armando Palacio Valdés. Era fallera de la Plaza de Calatrava —actual Plaza del Negrito—, y desde pequeña ya le apasionaba la fiesta fallera.