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Donís Martín es un escritor veterano de pluma fina, admirador de las Fallas y, sobre todo, un enamorado de la poesía valenciana que ha dedicado toda una vida a la escritura de llibrets falleros.

Nacido en el castizo barrio de Ruzafa, desde su infancia siente afición por la literatura, ganando numerosos certámenes literarios escolares. En 1974 escribe su primera obra en Lengua Valenciana, un llibret de falla que fue galardonado con el Primer Premio de Autores Noveles, que otorga la sociedad cultural Lo Rat Penat. Entre sus trabajos más importantes, cabe destacar los apropósitos y poemas de exaltación de las Falleras Mayores de Valencia de 1988, año en que se realizó por última vez este acto en el Teatro Principal de Valencia.

Como poeta lírico, ha participado en los Jocs Florals de la Ciutat i Regne de València, siendo galardonado con la Englantina d’Or en 1987 y 1990, la Viola d’Or en 1990, y la Flor Natural en 1987 y 1994, año en que fue distinguido con el título de “Mestre en Gai Saber”; también ha recibido la “Lira de Plata” de la asociación “Amigos de la Poesía”.

Lleva toda una vida dedicada a la escritura de llibrets falleros. De forma más concreta, crea “l’explicació i relació de la falla”, un poema que describe los monumentos escena por escena y que aparece junto al boceto dentro de la publicación. Esta es la parte que se premia en el concurso de Lo Rat Penat y en el que Donís ha obtenido decenas de galardones extraordinarios.

Fallero de la Plaza de Pie de la Cruz desde 1964; desde el 18 de julio de 1995 hasta mayo de 2003 estuvo al frente de la Secretaria de la Junta Central Fallera durante los ocho años de etapa de Alfonso Grau como concejal de Fiestas y Cultura Popular.

“Cuando la falla se quema queda lo que se ha escrito sobre ella”

Amante de las fiestas, cultura y tradiciones de la ciudad, e implicado en casi todas ellas, Capellán de les Roques en la procesión del Corpus y Perrer de la Seu en la procesión general, cofrade de los Afligidos del Canyamelar, secretario de la Pila Bautismal del Altar de San Vicente de Valencia, pertenece a la Junta Central Vicentina, y fue San José en la Cabalgata de Reyes de Valencia.

¿Qué le hizo llegar a las fallas?

Principalmente porque mis amigos eran falleros, aunque yo realmente ya fui fallero infantil de Félix Pizcueta – Cirilo Amorós allá por los años 50. No había sido fallero en mi infancia porque donde vivía no había tradición de fallas; sin embargo, recuerdo que todos los años, con un cura del colegio de los Salesianos, donde yo estudiaba, íbamos a recorrer todas las fallas de Valencia desde los Poblados Marítimos hasta Patraix.

Y desde el año 1964 soy fallero de la comisión Pie de la Cruz de forma ininterrumpida.

¿Llega a Pie de la Cruz y se integra en esta comisión a la perfección?

La verdad es que sí, pasamos del Palau de Parcent a la calle Villena que es donde todavía tenemos el casal. En el año 64 y 65 me fui a estudiar Aparejador a Barcelona, y estuve dos años fuera pero seguí apuntado a la comisión. Incluso cuando me tocó ir a hacer las prácticas de Milicias, continué como fallero y por ello me tocó hacer un monumento a los caídos en el Campamento de Mas Enric de Tarragona.

¿Has llegado a desarrollar diferentes cargos en tu comisión?

Sí, la verdad es que he desarrollado diferentes cargos desde delegado de Femeninas y de Infantiles a Secretario, pero presidente nunca. Yo he sido secretario de todos los sitios pero nunca he llegado a la presidencia.

¿Con toda esa experiencia en su comisión llega a la Junta Central Fallera?

La verdad es que yo tenía mucha relación con Junta porque entonces había varios miembros de mi comisión que pertenecían a la directiva de este organismo, e incluso llegué a colaborar con Juanito Martín Belda en la Feria de Julio. Poco a poco me fui implicando en el mundo fallero.

En la época de la transición yo ya escribía llibrets de falla, de hecho en esos momentos primero con Miguel Ramón Izquierdo y luego con Ricard Pérez Casado, era uno de los únicos poetas escritores que según la Real Academia podía escribir en los libros oficiales por escribir un valenciano “normalizado”, que era lo exigido en aquella época por el ayuntamiento.

¿Cuándo tiene el primer cargo en la Junta Central Fallera?

En el año 91 cuando llegan a la corporación Doña Rita Barberá junto a Vicente González Lizondo, entré como delegado de Cultura, aunque yo creo que he sido el único delegado que ha dimitido al terminar el año por no estar en consonancia con algún Vicepresidente. Después, cuando entré Alfonso Grau como Presidente de Junta Central Fallera, me llamó para ocupar la secretaría.

¿Cómo valora esos ocho años al frente de la Secretaría General de Junta Central Fallera?

Muy gratificantes, los recuerdo con mucho trabajo porque en aquella época ya era funcionario municipal y estaba en Actividades, con el tema de los permisos de espectáculos públicos; por lo que, en todo ese tiempo no me libré de ningún expediente, aunque la gente eso no lo sabe, y solo me decían “¡Qué suerte tienes!”

Por las mañanas iba al ayuntamiento a firmar mis expedientes, y al finalizar me iba a Junta Central Fallera donde me pasaba horas y horas… Pero muy gratificante, porque en el mundo fallero a nivel de Junta, hay material humano muy interesante y muy majo.

¿Con qué se queda de esos ocho años?

Habré tenido fallos y aciertos, pero yo lo valoro todo como un conjunto. Aunque me aseguran que guardan un buen recuerdo de mí, que es lo más importante. De todas maneras, es muy duro llevar el peso del orden y control de la casa, teniendo que llamar atenciones a compañeros que trabajan altruistamente por el bien de la fiesta.

¿Cómo ha visto la evolución de la fiesta?

Han evolucionado muchísimo desde los mismos materiales de construcción de las fallas; pasando por las subvenciones que surgieron en la época de Alfonso Grau a las manifestaciones de los propios falleros, ya que cada vez hay más festeros y menos falleros, y con eso no estoy de acuerdo, pero cada uno interpreta la fiesta según lo ve oportuno.

Han evolucionado también las relaciones vecinales, ahora cada vez hay más complicaciones, porque se ha optado por instalar carpas en las calles los días de fiesta, y ello genera complicaciones de cortes de tráfico en la ciudad. Incluso en la manera social, antes las fallas las formaban una clase social media-baja y ahora las clases más altas de la sociedad también se han implicado, quizás por el hecho de que sus hijas puedan ser Falleras Mayores de Valencia o que formen parte de la Corte.

¡Han evolucionado en todos los sentidos!

Quizás, ¿ha aumentado excesivamente el número de comisiones falleras en la ciudad?

Siempre lo he dicho, de las que hay sobran alrededor de 200 comisiones en Valencia; esto sería una de las soluciones para favorecer que las comisiones fueran más grandes, las cuotas implicarían un mejor desarrollo económico de las mismas y nos llevaría a regular los actos falleros como la ofrenda y otros actos, donde tendríamos menos problemas.

Lo que sí que haría, sin molestar a nadie, sería que las fallas de Valencia fueran exclusivamente de la capital, porque el área metropolitana que viene de Xirivella, Mislata, Quart de Poblet y Burjassot, realmente tiene sus propios premios de falla y ofrenda… ¡Nosotros qué pintamos ahí! La verdad es que no pueden optar a subvenciones por pertenecer a otro ayuntamiento, pero en cambio sí que pueden obtener premios de falla, y es una valoración importante para el tema económico de la ciudad. En el último congreso fallero no siguió adelante este plan por cuatro votos.

Al margen de la simpatía que me merecen todas las comisiones sólo por el hecho de ser falleros, al estar implicados con la fiesta.

¿Cree que es necesario un Congreso Fallero?

Sí, naturalmente es necesario para adaptarse a los tiempos. Asimismo, por la regularización de las fallas, por la ordenación interna de la Junta y de las comisiones falleras, así como de la implicación de las fallas en la vida social valenciana, la cual creo que hay que cuidarlo mucho.

“Hay que cuidar mucho el vecindario”

No ha habido, en muchos casos, mucha sensibilidad con los vecinos. De hecho, yo siempre he planteado a las comisiones que hagan partícipes a sus vecinos de las fiestas falleras, bien haciéndolos falleros de honor o colaboradores, sin pagar nada, para evitar susceptibilidades y que se sintieran más integrados.

¿Respecto al cambio de fecha al tercer lunes de marzo, lo ve positivo o negativo?

Ya en época de Alfonso Grau se suscitó y se llevó a una asamblea, aunque fue una toma de opinión con los presidentes y salió un “no” rotundo.

Las fallas son un poco puñeteras y cuando ven que hay un sector que se va a beneficiar y ellos no, se ponen en guardia.

Yo, particularmente, estoy a favor del cambio porque creo que los falleros podrían tener mayor facilidad para disfrutar de las fiestas, a excepción de la gente que trabaje en el sector servicios que siempre estarán condenados. El hecho de que venga más gente o no, para mí es secundario.

La hostelería nunca ha ayudado a las Fallas y seguirá sin ayudar porque aquí cada uno va a su bola.

En lo que no transigiría es en el 9 de octubre, porque es ese día, el día de nuestra historia y tradición. El Rey Don Jaime entró en Valencia ese día y no otro.

Cuando ya se ha cambiado el Corpus, la Mare de Déu, la Ascensión… el día de San José… en fin. Y más cuando de San José que no se acordaba “ni el tato” hasta que la comisión Dr. Olóriz tuvo la idea de realizar una ofrenda de flores.

¿Qué es lo que más le gusta a Donís de las Fallas?

Las Fallas me gustan desde el día 15 de marzo hasta el día 20 de marzo… Me gusta todo: cómo se gestan, cómo se plantan, aportar ideas a los artistas falleros, la gran participación que hay (aunque en las comisiones trabajen menos de 10 personas), esa convivencia, el ambiente festivo, las relaciones con las personas, etc.

¿Qué cambiaría de las Fallas?

Muchas actitudes que van en contra de la participación ciudadana. Cambiaría, quizá, el número de componentes de Cortes de Honor porque es un gasto excesivo tanto en trajes como en coches, etc. Creo que con seis habría bastante.

Tenemos un programa densísimo para tan sólo cuatro días, igual necesitaríamos un día más para tener mayor holgura en la agenda. Es que ya no son los actos oficiales de Junta Central Fallera, sino los que organizan los sectores, las agrupaciones…

Pero bueno, es una utopía porque nadie está dispuesto a modificar todo esto.

Te consideras un amante del monumento, ¿qué artista ha sido un referente para Donís?

Ha habido épocas. Ahora tenemos un momento dulce con Monterrubio, los Santaeulalia; gente joven que vienen a recoger el testigo de Puche, Lebón, Huertas, Regino Más, etc. Son nombres que quedan ahí y siempre quedarán en el recuerdo.

De todas las fallas que ha visto, ¿cuál es la mejor falla para Donís de la historia?

Para mí, la “Albufera’s Cup” de Pedro Santaeulalia, plantada en el año 2007 para la comisión de Nou Campanar. Fue todo un espectáculo, ¡la mejor de la historia!

Una de las características que define a Donís Martín es su amor por la poesía, ¿desde cuándo le viene ese amor y esa faceta suya?

Desde siempre, ya con ocho años le hice un poema a mi madre, nada más y nada menos que una copla de pie quebrado. Me gustaba mucho aunque lo hacía esporádicamente.

El hecho de dedicarme al mundo fallero viene del año 84 cuando mi falla cumplía el centenario de la primera falla plantada. Era una junta de disolución y hablaron de hacer un llibret, se lo iban a decir a Camilo, y yo, en esa junta que iba un poco alegre con los licores y tal, dije “que collons de Milo, el llibret ho faig jo”. Así pues, ese año hice el llibret y me dieron el primer premio de noveles, con lo cual me condenaron a entrar en la categoría general, lidiar y competir con gente de la talla de Nilo, Pepe Bea Izquierdo, Pere del Monte, Anfós Ramón… para mí la época dorada de los llibrets.

¿En estos momentos en que situación se encuentra el Llibret de falla?

La verdad es que cada vez hay más. Además, desde Lo Rat Penat se están haciendo cursos poéticos, y en estos últimos años se han incorporado 4 o 5 poetas que van a dar mucho que hablar como por ejemplo Amparo Cabrera (que ya ha ganado un Bernat i Baldoví), Carles Bori, Sito… hay varios que están pegando fuerte.

¿Cuántos primeros premios ha obtenido de Llibrets?

Premios Extraordinarios pasarán de 40 ó 50, pero de lo que realmente estoy orgulloso es de mis cuatro premios Bernat i Baldoví que es la máxima distinción del Llibret de falla.

El que más premios tiene es Anfós Ramón, que tiene unos 14 premios Bernat i Baldoví, y a sus ochenta y tanto años sigue en activo.

¿Cuántos llibrets suele hacer cada año?

A estas alturas, sólo tengo tres memorias infantiles para hacer los llibrets… ¡Menos mal que tengo facilidad a la hora de escribir!

Suelo hacer cada año unos 20 llibrets, de los cuales 5 son infantiles. Llevaré más de 500 llibrets realizados desde el año 1974 hasta ahora, son unos cantos años.

Entonces, ¿queda poeta para rato?

Mientras que esta cabeza carbure y sigan confiando en mí las comisiones seguiré haciendo llibrets.

Por último, el pasado sábado salieron 13 niñas y 13 señoritas componentes de las Corte de Honor, usted que ha vivido ese proceso, ¿cambiaría el sistema de elección?

Lo que sí que sería interesante es que el jurado que elige a las componentes de la Corte de Honor, eligiera a las Falleras Mayores de Valencia.

Para mí el fallo es meter a muchas componentes de Cortes de Honor en ese jurado, yo pondría menos. El jurado debe ser más equilibrado.

La verdad es que es algo extraño porque para mí, la Fallera Mayor acaba su reinado con la cremà de su falla, entonces no entiendo por qué tienen que seguir yendo a los actos las Falleras Mayores salientes con sus Cortes de Honor.

“La Fallera Mayor de Valencia debería acabar su año con la cremà de su falla”

Son las mejores fiestas del mundo por su participación, y por lo que llevan de tradición, historia, cultura; son arte, poesía, música, arte floral…

Esta es mi opinión acertada o equivocada del mundo de las Fallas, de mis vivencias a lo largo de muchos años en esta fiesta maravillosa que invade totalmente la vida valenciana durante todo el año.