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No he tenido ocasión aún de poder dirigirme al colectivo fallero de forma general, después de que el pasado mes de julio finalizara mi periodo de responsabilidad al frente de la gestión de la Junta Central Fallera, como Presidente de ella, a la vez que como Concejal de Fiestas y Cultura Popular de nuestro Ayuntamiento de Valencia. Son ya casi 6 meses desde que cesé en el cargo, y apenas he dejado de tener contacto algun fin de semana con nuestra fiesta, pues además de poder volver a disfrutar de mi querida Falla Exposición, muchos son los actos a los que cariñosamente me han invitado varios colectivos y que la cortesía y el afecto me han hecho no dejar de atender. La nueva estructura de áreas del Ayuntamiento decidida por nuestra alcaldesa, me ha llevado a asumir la responsabilidad en el Área de Coordinación Jurídica donde desempeño ahora mis funciones entre ordenanzas municipales, licencias, contrataciones, sanciones y un sinfín de figuras jurídicas que han hecho cambiar radicalmente lo que hasta ahora venía siendo mi día a día habitual y cotidiano. Y a mi compañero Paco Lledó, le ha llevado a asumir la Presidencia de la Junta Central Fallera para la cual le deseo toda la suerte posible, porque dedicación y esfuerzo me consta que le dedicará desde el primer día. Pido para él que le deis todo el margen para trabajar y que le brindéis vuestra mano para colaborar, en estos tiempos nada fáciles, por las carencias económicas que a todos nos asedian. Estoy seguro que descubriréis a un hombre que lo dará todo en cuerpo y alma por la fiesta.

Tan sólo un artículo dedicado a “Actualidad Fallera” por su aniversario y el contacto que he mantenido a través de redes sociales como el facebook, me han permitido dirigirme a algunos componentes del colectivo fallero para expresar mi estado de ánimo y mi percepción de un cambio tan radical en mi función de Concejal.

Con independencia de ello, si algo tengo que empezar expresando es mi agradecimiento a todos y cada uno de aquellos que os habéis dirigido a mi persona con palabras cariñosas, de ánimo o de reconocimiento por estos años al frente de la gestión del mundo de las Fiestas y de las Fallas en concreto, y a los cuales he respondido a todos y a cada uno de ellos, que el agradecido debo ser  yo a todos y cada uno de vosotros. Expresé estas palabras hace poco tiempo al serme entregado el premio Berni, así como el premio de la Falla Zapadores, en las dije que cada una de esas distinciones eran “injustas” que me fueran entregadas a mí, sencillamente porque un trocito de cada uno de esos reconocimientos correspondería por igual a cada uno de los auténticos protagonistas de la fiesta y que no son otros que los cientos y cientos de falleras y falleros que se sacrifican día tras día en pro de una fiesta que les cuesta dinero, esfuerzo y trabajo. Y  que yo no he dejado de ser un fallero más, con una responsabilidad especial si se quiere, pero uno más que ha tratado de tirar de este carro tan ilusionante como complejo, como es el de las Fallas. Detrás de mi ha habido toda una Junta Central Fallera, una Directiva, unos Delegados de Sector y toda una legión de falleros siempre dispuesta a afrontar cualquier reto o proyecto que pensáramos que podía mejorar la fiesta. Para todos ellos, sin exclusión, son los reconocimientos que haya recogido y que pueda recoger en un futuro, y no para mi. Por ello, sólo puedo expresar mi agradecimiento sincero y de corazón a todas y cada una de las casi 400 Comisiones de Falla, Sectores, Agrupaciones, Federaciones, Juntas Locales Falleras, Junta Central Fallera, poblaciones que tiene Falla lejos de nuestra tierra, y a cada uno de los miles y miles de falleros y falleras que integran esta gran fiesta.

Y citaba conscientemente al principio de este escrito las ahora famosas redes sociales que tanto han irrumpido en nuestras vidas, hasta el punto de sentirse uno fuera de juego si no está enganchado a una de ellas. Está claro que han supuesto una revolución en las formas de comunicación, cómo lo han sido las web, los email, los blogs, el twitter, los skipe, las ipod, y tantas nuevas tecnologías que han hecho que profundos cambios se hayan producido en nuestra estructura social y de comunicación. Y esa evolución a la fuerza está llegando también a las Fallas. Pero he dicho bien al afirmar que mucho han evolucionado las Fallas también en ese campo, sin quizá saber si puedo atreverme a reafirmarlo ahora. Porque… ¿realmente podemos afirmar eso? ¿O quizás hay que decir que la que ha evolucionado es la sociedad demasiado deprisa y no le ha dado tiempo a la fiesta para adaptarse a los nuevos tiempos? Es posible que sea más cierto esto segundo.

Todavía en la jerga fallera se siguen utilizando conceptos como lotería, papeletas, cuotas, rifas, falleros de honor, abonados, anuncios del llibret, mientras que otros –la verdad que los menos-, empiezan a barajar conceptos como sponsor, fundaciones, sociedades mercantiles, mecenazgo, deducciones fiscales… Una terminología que se le escapa a la inmensa mayoría de los falleros. Pero es que además la sociedad parece que ya no habla de otra cosa más que de crisis, primas de riesgos, índices bursátiles, refinanciación de la deuda, inversiones condicionadas, normativas, leyes, reformas constitucionales, juzgados, directivas de la Unión Europea… y un largo etcétera  de términos.

Entre una terminología y otra parece que hay un mundo, una distancia insalvable, un discurso cruzado imposible de entenderse el uno con el otro. Sin embargo, yo no opino así. La terminología puede ser compleja y difícil de entender salvo para los expertos en economía, pero sin embargo el fallero –sin ser experto en economía-, sí que entiende los términos de crisis, tesorería en blanco, reducción de ingresos, cuotas elevadas a los falleros, puertas cerradas cuando llamas, bajada en el censo fallero, negativas de colaboración del comercio o del vecindario en la arreplegá, normativas exigentes con la seguridad… ¿No es lo mismo? ¿No se dan cuenta que es el mismo mensaje con palabras distintas?

Un mensaje que está llevando a nuestra sociedad a tomar decisiones drásticas de la noche a la mañana, a estar haciendo ajustes presupuestarios continuamente, a marcar la actividad según el mercado financiero va indicándonos… Pues bien, quizás sea el momento de que el mundo fallero entienda que no hay nada intangible o inmutable en la fiesta. De que hay que mentalizarse para cambiar acciones y actitudes. De que no sirve el “… es que siempre lo hemos hecho así…”.

Si un país como el nuestro reformó la Constitución hace unos meses en cuestión de horas, ¿por qué no empezamos a plantearnos decisiones drásticas en el mundo fallero? Si las Comisiones se unen para celebrar la mascletá de San José y ahorrar gasto, ¿por qué no se unen dos o tres comisiones que les separan cuanto apenas unos metros de distancia para trabajar juntos todo el ejercicio y hacer un colectivo en el barrio fuerte y significativo y que les desahogue  el presupuesto de hacer fiesta los tres por separado? Si se reúnen las comisiones para celebrar sus actos de forma colectiva en los sectores o agrupaciones, ¿por qué luego duplican el gasto celebrando por si solos los mismos actos pudiéndose unir varias de ellas para celebrar sus presentaciones, por ejemplo, o pudiendo hacerlo en un mismo casal más moderno y acondicionado que no en tres y en condiciones precarias? ¿Por qué en vez de hacer rifas sueltas y acabar acribillando a los mismos amigos y familiares, no se hacen actos conjuntos de ventas que generen un mayor beneficio y amplíen la excusa de venta diciendo…”esto es para las fallas de este o de aquel barrio”?

No sé, son muchas las ideas que podríamos aportar. La estructura está, los colectivos están, el potencial humano está. Pues pongamos en marcha nuevas ideas que generen idea de fuerza, de colectivo, de unión, que eviten duplicidad de gastos y pensemos que la sociedad no es que vaya más deprisa… ¡es que cambia día a día! Y las Fallas tienen que subirse ya a ese carro sí… o sí.

Pensemos en ello si realmente somos conscientes de que la estructura de la fiesta no puede ser ajena a las convulsiones económicas que estamos viviendo, donde además las normativas que van surgiendo exigen además más y más garantías para aquellos que organizan y disfrutan la fiesta. No se está legislando contra la fiesta, sino a favor de la seguridad de la misma. Quizá hasta ahora, hemos tenido una excesiva relajación en estos temas, sin darnos cuenta que potencialmente estábamos elevando cada vez más nuestra cuota de responsabilidad –directa o indirecta según los casos-, y que ahora, la a veces incomoda burocracia o los amplios requisitos técnicos que nos exigen a los falleros, están constituyendo la auténtica salvaguarda de esa responsabilidad que hasta hace poco tiempo, teníamos en nuestra mano de forma inconsciente. Tiempo habrá para comprobar la finalidad de esta normas, que ya deberían hacernos saber por lo menos que casos en los que ahora están envueltos algunas Comisiones y sus Presidentes, podrían haberse solucionado de otra forma evitando ahora consecuencias jurídicas no queridas, ni deseadas por nadie. Tiempo habrá para analizarlo.

Quede como conclusión a estas palabras de simple reflexión, mi verdadera y reiterada finalidad de estas palabras, que no es otra que seguir vinculado a esta gran fiesta de las Fallas –ahora en un secundario y discreto segundo plano- pues mi condición de fallero en posesión del bunyol de brillants, cuanto menos acredita que mis muchos años en la fiesta hará que mi ilusión por vivirla y disfrutarla seguirán intactas como el primer día, aquel en que mi bendita familia decidió un día apuntar a un niño a la falla del barrio, sin saber que estaban provocando una fusión indisoluble que se mantiene hoy en día inalterable, sencillamente porque he aprendido a querer a esta fiesta de verdad y con toda la intensidad. Sigo en la fiesta de las Fallas, porque soy y me siento fallero.

Gracias a todos

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Félix Crespo Hellín