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Javier Mozas (Archivo de la JCF)

Hoy en día, tenemos dos elementos que integran nuestra fiesta fallera, que no están ligados entre sí, pero, con un origen común, las carpas y los Falleros de Honor.

En la década de los cincuenta del pasado siglo XX, nace el primer Parador Fallero. Surge de la unión de dos factores, el primero es la necesidad de las comisiones falleras de conseguir dinero extra en un contexto complicado, sacándose de la manga otro elemento más. Y el segundo es dar cabida a un sector social de la sociedad con más posibilidades económicas, y que tradicionalmente se habían mantenido al margen de la fiesta fallera de marcado carácter desde sus inicios.

El primer Parador Fallero en aparecer fue el Parador del Foc en el año 1951, perteneciente a la comisión fallera del Parterre, y que se situó en el Llano del Remedio.

Fue tal su éxito a nivel social y económico, que otras comisiones falleras la imitaron y crearon sus propios paradores. El Parador del So Nelo de la comisión de la Plaza del Caudillo, Coves del Mercat de la falla del Mercado Central en los bajos del propio mercado, El Bunyol, perteneciente a la falla Luis de Santángel-Matías Perelló; El Tró; el So Quelo; Parador del Farol, de la falla Ruzafa-Gran Vía; Parador de la Juventud de Radio Juventud, o Parador Universitario de la falla Universitaria.

A estos paradores, acudieron contratados grandes orquestas y cantantes de primera línea, tanto locales, como nacionales e internacionales, como por ejemplo Bruno Lomas, Marlene Dietrich, Paul Anka o Renato Carossone.

En la década de los 70s hubo un declive hasta su total desaparición poco después, y transformación en los tan necesarios Falleros de Honor y carpas.