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20 años después de ser componente de la Corte de la Fallera Mayor del 1992 es Concejala del Ayuntamiento de Valencia, fallera y componente del Consejo Rector de Junta Central Fallera.

En la actualidad, la concejala Lourdes Bernal divide su corazón entre la política y las fallas. Vinculada a la comisión de la Falla Fray Pedro Vives – Bilbao Maximiliano Thous desde antes de nacer, asegura que ser fallera se lleva en el corazón y dura toda la vida, lo mismo que la pasión por la política.

¿Cómo llega a las fallas?

Siempre he sido fallera. Mis padres me apuntaron en la falla sólo con los apellidos antes de saber si vendría un niño o una niña. Así que, soy fallera desde antes de nacer. Llevo en las fallas toda la vida. Mi madre nos ha inculcado desde siempre el amor a Valencia, y por supuesto, a las fiestas valencianas, no sólo a las fallas sino a todas las fiestas y tradiciones de la ciudad ya que Valencia es una ciudad muy rica en este sentido.

¿De familia fallera?

Muy fallera. Además hay mucho arraigo en mi casa, junto a un grupo de amigos mis hermanos y yo fundamos el grupo de tabal y dolçaina de la falla; de hecho mi hermano sigue tocando la dolçaina, yo comencé a tocar la dolçaina y luego recibí clases de tabal aunque ya he perdido la práctica. Mi hermana baila y mi madre siempre nos ha cosido los trajes de valenciana.

En mi casa se respira, se sienten y se viven las Fallas desde siempre. Es imposible escapar.

“Mis padres me apuntaron a la falla antes de nacer”

¿Qué cosas recuerda de su infancia fallera?

Recuerdo participar en los playbacks y cuando mi madre me bajaba a jugar con mis amiguitas y a las meriendas y chocolatàs que hacían en mi comisión. La falla era el sitio de diversión, de oxigenarse. Tu grupo de amigos era el grupo de la falla. Mi primera Nochevieja la pasé en el casal. Me encantaba vestirme de valenciana. En mi falla aprendí a jugar al Truc.

Participaba en todo y lo pasaba fenomenal.

Para mí la falla es mi familia porque me han visto crecer y aunque ahora no pueda estar todo lo que quisiera, sigo vinculada igualmente.

¿Fue Fallera Mayor Infantil de su comisión?

No nos lo planteamos. Fui Fallera Mayor de la comisión en 1991 y la verdad es que lo recuerdo perfectamente. Es un recuerdo maravilloso y muy divertido porque se volcó toda la comisión conmigo y fue estupendo.

20 años después de ser componente de la Corte, ¿se esperaba llegar a ser una de las trece afortunadas?

¡Ni me lo había planteado! Tenía sólo 17 años cuando fui Fallera Mayor de mi comisión, y esa era mi gran ilusión: ser Fallera Mayor de mi falla, representar a mi comisión y disfrutar todos los días. No pedía ni esperaba nada más. Lo de ser de la Corte lo ves como algo que no te toca ni de cerca.

lourdes-bernal-fallera1992No pensaba que llegaría a ser una de las componentes de la Corte de Honor porque las veía a todas guapísimas. Recuerdo que fuimos al Hotel Astoria Palace en una de las pruebas con el jurado, y nos mandaron una carta en la que nos indicaban que fuéramos cómodas, sin tacón, y al llegar allí me di cuenta de que algunas seguimos las instrucciones y otras no. En ese momento pensé “no salgo”, veía a todas las chicas guapísimas y como siempre había pensado que elegían a chicas con ojos grandes y yo los tengo pequeños… (sonríe).

Además, creo que mi madre actuó muy bien desde el principio ya que me aconsejó que disfrutara de la experiencia desde el primer día y me decía que no pasaba nada si no salía de la Corte.

Recuerdo que en aquella época era todo distinto; de hecho mi madre me cosía los trajes de particular para ir a la Feria de Julio, todas nos maquillábamos en casa, era otro mundo.

No sabíamos donde íbamos en cada ocasión, cada día era diferente, no habían dos iguales.

“Cada vez que veo las preselecciones me dan una envidia tremenda”

¿Cómo se sintió al lograrlo?

Feliz. Yo que soy muy sensible lo lloré absolutamente todo. Mi familia también, porque no esperábamos que saliese.

La verdad es que el sueño de ser de la Corte no sólo es para las candidatas preseleccionadas, sino también para las familias. Mis padres y mis hermanos aún recuerdan esa época con total felicidad.

Cada vez que veo una preselección se me pone la piel de gallina y me da una envidia… porque todavía sigo recordando esa sensación, ese sentimiento tan extraordinario.

Además fuimos la primera Corte y la primera Fallera Mayor que tuvimos a Rita Barberá como Alcaldesa de la ciudad y pudimos conocerla personalmente.

También tuve la oportunidad de conocer a González Lizondo.

¿Cuál es el mejor recuerdo de aquel año?

Fue todo maravilloso, pero recuerdo sobre todo la parte humana, las personas que me han quedado. Mis compañeras son mis amigas, y en concreto Amparo García que fue mi pareja es como mi hermana. Recuerdo a los chóferes, a los acompañantes y también el no saber qué hacías cada día. Sabías que tenías que llevar el traje número tal y que llegarías tarde, pero ya está. Era todo como muy nuevo, muy inocente.

De hecho el día de la cena de la plantà, que como era normal venían los concejales, yo pregunté que quienes eran esos señores que se sentaban con nosotras a cenar. No tenía ni idea de quién era el Concejal de Fiestas porque para mí era el Presidente de Junta Central Fallera.

“Conservo prácticamente todo lo de aquel año”

Lo pasé muy bien. Lo viví todo con mucha ilusión.

¿En aquella época estudiabas?

Sí, estaba estudiando Derecho en la universidad.

¿Y ya le llamaba la atención la política?

Desde siempre me ha gustado y me ha interesado la política. Tenía claro que para estar en política hay que estar bien preparado y cuando empecé la carrera universitaria, miré todos los programas y me afilié al PP porque consideré que era el más coherente.

A fecha de hoy, ¿sigue siendo fallera?

Sí, me he vestido todos los años hasta hace un par de años. Ahora estoy convenciendo a mi marido para que se vista; pero, vamos, este año tengo claro que me visto para la Ofrenda, eso seguro.

¿Desde que está en la concejalía ha cambiado su visión de las Fallas?

No. Soy consciente de que para trabajar en las fallas y cambiar cosas tienes que vivirlas.

Los falleros tenemos una forma de pensar diferente y tienes que haber limpiado la paella, haber barrido la calle o haber formado parte de un jurado (ya sea de fallas, de presentaciones o de playbacks) para saber cómo piensan y cómo se sienten.

Ahora es usted de “esos señores que llegan en autobús”. ¿Desde esa posición de privilegio aportaría algo a este mundo?

Yo creo que la relación vecinos-falleros ha mejorado bastante porque se ha trabajado mucho y se van acercando las posturas. De hecho, mantenemos reuniones periódicas con la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valencia.

También tengo claro que a los falleros no se les pueden imponer las cosas. Quien quiera imponérselas se equivocará. A los falleros les gusta la fiesta y trabajan duro para que año a año sigamos disfrutando de ellas, así que no van a permitir que la política se entremezcle con eso.

“Me parece una falta de respeto tomar cualquier decisión sin consultar al fallero”

¿Las Fallas deberían evolucionar?

Realmente los que mueven la ciudad y la fiesta son los falleros. Innovar siempre que sea a propuesta de los falleros y con el consenso de los falleros. Todo tiene su momento y sus tiempos. Los hombres ganaron mucho en cuanto a indumentaria masculina se refiere al desprenderse del traje negro. Al fin y al cabo, es una cuestión de opción y de libertad.

A las fallas no se les puede imponer una solución, tienen que ser ellos quienes adopten una medida, y siempre hay que buscar el consenso de los falleros.

¿Añadiría un día más a las Fallas?

Como fallera puedo decir que soy tradicionalista y para mí las Fallas son del 15 al 19 de marzo. Creo en el milagro del día después, y soy de las personas a las que les sienta mal que suene un petardo un 20 de marzo porque hay una serie de normas que tenemos que respetar.

Hay Juntas Locales que ya han propuesto suprimir los trajes oficiales por el tema de la crisis ¿Vería factible esta decisión en Valencia?

La crisis no se soluciona quitándoles los trajes a las Cortes de Honor y Falleras Mayores de Valencia. Creo que la crisis hay que atajarla de otra forma; además, si se llevara a cabo esta medida muchas niñas y señoritas no se presentarían porque económicamente no podrían.

Y la maravilla de las Fallas también está ahí, porque en la Corte hay falleras de toda condición social.

Otra de las riquezas que tienen las fallas es que iguala las clases sociales.

Sin duda, y dicen que este fenómeno se estudia en Estados Unidos. Que en una comisión tengas distintos estatus sociales y formas de pensar es maravilloso porque el objetivo es uno: el amor por la fiesta.
Es fantástico.

¿Faltaría vender más nuestra fiesta al exterior?

No sé si haría falta venderlas más porque las Fallas son unas fiestas que venden por sí solas. Lo que sí que creo es que tenemos que ser capacaes de llevar nuestra fiesta a todos los rincones del planeta, desde el Hemisferio Norte hasta el Hemisferio Sur, de Oriente a Occidente, para dar a conocer esta joya del Patrimonio Valenciano y que todo el mundo pueda disfrutar de ellas como lo hacemos los falleros, con verdadera pasión e lusión.

Además, el camino emprendido por Félix Crespo para lograr que las Fallas sean Patrimonio de la Humanidad me parece digno de mención.

¿Qué es lo que más le gusta del monumento?

Que haya ingenio y gracia. Que exista la sátira en los ninots y que pueda leer los carteles y me hagan reír. Si además todo esto se conjuga con una buena composición, perfecto.

Como fallera ha llegado a alcanzar el máximo escalafón al haber sido componente de la Corte de Honor. Como política, ¿le gustaría alcanzar la Concejalía de Fiestas y Cultura Popular?

Esa es la pregunta que estaba esperando (risas). Yo formo parte de un proyecto encabezado por nuestra alcaldesa Rita Barberá, un proyecto en el que siempre se ha tenido en cuenta el valor que aportan las fiestas a la ciudad; así que, estaré donde ella quiera que esté. Lo que está claro es que se me nota muchísimo que soy una enamorada de las Fallas, pero no me planteo ser concejala de Fiestas.

La verdad es que yo disfruto hasta con la Concejalía de Cementerios. Es cierto que ser político es un privilegio, el poder tomar una decisión y ayudar a los demás es todo un privilegio, sin duda.

“Ser político es un privilegio”

¿Desde cuándo es componente del Consejo Rector de Junta Central Fallera?

Llevo cuatro años formando parte del Consejo y participo cuando veo que hay determinadas personas que intentan sacar de contexto cuál es su función y utilizarlo como un arma política es una equivocación.

Entre las competencias del Consejo Rector se encuentran las de controlar el presupuesto, aprobar el presupuesto de Junta Central Fallera y el nombramiento del personal propio del organismo.

Además es concejala de Parques y Jardines, ¿cómo lleva el tema de los permisos con las fallas?

Bien, muy bien. Intento ayudar a las fallas en la medida de lo posible. Yo personalmente considero que los papeles “paran fríos” por lo que siempre estoy a disposición tanto de los falleros como de otras asociaciones, intentando no hacer una distinción entre unos y otros, y procuro explicar las cosas, invitándoles a que vengan al Servicio para que se hablen las cosas.

¿Seguirá siendo fallera siempre?

Totalmente. Ser fallera no es estar apuntada a una falla, ser fallera se lleva en la sangre y en el corazón.

¿Y seguirá en política?

Es lo mismo. Creo realmente en el servicio público. Creo que puedes cambiar las cosas que no te gustan y eso es algo que lo llevas dentro. Los políticos dan una imagen que no es la real. Yo me considero una persona sencilla, amante de la ciudad, muy amante de las fiestas y respetuosa con aquellos que no comparten mis ideas.

Me siento privilegiada y muy afortunada por lo que tengo y por lo que siento.

Para finalizar, ¿qué mensaje lanzaría al mundo fallero?

Pues ahora mismo, ante la situación en la que nos encontramos, les mandaría un mensaje de fuerza y ánimo, aunque sé que los falleros pueden con esto y con mucho más. Pero sobre todo, me gustaría darles las gracias porque al final los falleros son quienes hacen grande nuestra fiesta, desarrollan actos culturales en torno a la misma para enriquecerla aún más si cabe y mueven la ciudad.

Soy una enamorada de las Fallas y no podría estar fuera de Valencia en el mes de marzo. Respeto a la gente que no le gustan las Fallas pero yo no podría vivir sin ellas.