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1963 FMV María Antonia Moret Gómez

María Antonia recuerda, como si de un cuento se tratase, cómo le propusieron ser Fallera Mayor de Valencia con tan sólo 15 años. Su Fallera Mayor Infantil, Mª del Carmen Fernández-Ordás y Abarca, tenía 13 años.

En 1963 se cambian los criterios para elegir a la Fallera Mayor de Valencia y Salvador Cerveró, el presidente de Junta Central Fallera, afronta su último ejercicio proponiéndole al alcalde de la ciudad, Adolfo Rincón, elegir a una joven de Valencia que cumpla un requisito: ser guapa y con saber estar.

Aprobada la propuesta Salvador Cerveró sale en su busca… y fruto de la casualidad, paseando por el centro de la ciudad, ve las fotografías de una joven en almacenes Rey, un establecimiento popular de la época. Esa fue la corazonada que provocó que se pusieran manos a la obra.

Después de realizar las investigaciones oportunas los responsables de Junta Central Fallera dieron con la familia de la joven ya que tenían una agencia de transportes y fueron a “encargar una mudanza”. Allí pudieron hablar con la joven y verla en persona. A los pocos días Salvador Macià se personó en la tienda para hacer llegar a María Antonia una invitación para la Cabalgata de Reyes.

María Antonia fue a ver la cabalgata y una vez en el Ayuntamiento “los hombres de la mudanza” le presentaron al alcalde de la ciudad… María Antonia intercambió unas palabras con él sin imaginarse que cuando volviera a casa tendría esperando a esos señores, que esta vez, le propondría una oferta mucho más interesante: ser la Fallera Mayor de Valencia.

María Antonia Moret GómezRecibió el regalo de Reyes más bonito que nunca habría podido imaginar ya que María Antonia, desde muy pequeña había sido fallera de Las Danzas, una comisión ubicada en el corazón de la Valencia antigua.

Ese año como novedad las Falleras Mayores de Valencia son presentadas en el Ayuntamiento de Valencia, ataviadas de valencianas, sin que sus nombres se hayan hecho públicos hasta ese sencillo acto. Para esa ocasión, María Antonia lució un traje confeccionado por Carmen Insa.

María Antonia pertenecía a una familia de clase media, muy unida a su madre, una mujer valiente que afrontó la pérdida de su marido poniéndose al frente de la empresa familiar apenas un mes antes del nombramiento de su hija como Fallera Mayor de Valencia. Supo mantener la ilusión por ostentar el cargo siendo realista, trabajadora y compatibilizando al máximo su trabajo en el despacho de Mudanzas Moret con su apretada agenda sin perder la sonrisa.

El primer domingo de marzo, el día 3 por la mañana, el Teatro Principal de Valencia acogió la solemne Exaltación de María Antonia Moret. Su mantenedor fue Carlos Robles Piquer, que por aquel entonces era director general en el Ministerio de Información y Turismo y cuñado de Fraga.

Sin duda el acto que más la marcó fue la subida al camarín de la Virgen ya que ella misma confiesa que “como una gran devota de la Virgen eso era lo más grande que me podría pasar”.

Por aquel entonces la actividad en Valencia durante la semana de Fallas era frenética: paradores, casales, toros, el barco fallero, el primer vuelo especial fallero, etc.

María Antonia disfrutó de una espectacular falla municipal plantada por Ricardo Rubert “El nou caball de Troya”, en la que una estructura permitía subir al bar que se instaló en el vientre del monumental caballo dorado.

Vicente Luna volvió a saborear la gloria fallera ganado el primer premio de todas las categorías en la Plaza del Mercado con una falla que hacía una crítica al mundo de la publicidad, dejando una huella que llega hasta nuestros días.

1963-fmv-m-antonia-moret-y-gomezNo sabe cómo, María Antonia recuperó fuerzas para asistir a la Ofrenda, sin dejar de sonreír en todo el trayecto… lo que sí que recuerda es que rompió el protocolo al no llevar corpiño, una prenda obligatoria para todas las mujeres por tratarse de un acto religioso.

Todavía conserva fotografías, cartas y papeles, y cómo no, la banda de Fallera Mayor de Valencia como una joya.

Al finalizar Fallas, tras un día de descanso durmiendo sin parar, María Antonia retoma su vida normal, vuelve al trabajo, a la empresa familiar, aunque todavía encuentra tiempo para asistir a algunas capitales representando a Valencia.

Lamentablemente, en poco tiempo la alegría se vuelve en tristeza, ya que a la madre de maría Antonia le detectan un cáncer cuando todavía no han transcurrido dos años del fallecimiento de su padre. Con gran entereza María Antonia aguanta el golpe, y en enero de 1964, un año después de haber sido nombrada Fallera Mayor de Valencia, fallece su madre.

Con tan sólo 16 años su vida cambia completamente, al quedarse huérfana se va a vivir con sus tíos hasta que se casó a los 19 años con Rafael Ibáñez. Fruto de ese matrimonio nacieron tres hijos Rafael, César e Iván.

Su marido faltó en un accidente de tráfico y tuvo que quedarse al frente de la casa; aunque María Antonia no perdió el espíritu emprendedor.

En la actualidad María Antonia reparte su vida entre Valencia, para estar junto a sus hijos y sus nietos, y Marruecos, donde ha logrado desarrollar su capacidad empresarial y ha encontrado un remanso de paz.