Bétera disfruta un año más de sus fiestas

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Bétera celebró ayer el día grande sus fiestas con la Ofrenda de las Albahacas más conocida como “la rodà” por todos. Las Albahacas de este año no han sido récord pero casi, la más grande ha medido 2,84 cm, tan sólo dos centímetros menos que las del 2012.

“Las tormentas, las lluvias y la bajada de temperaturas de la semana pasada han hecho que pararon de crecer, no nos olvidamos que las albahacas sólo quieren sol y calor, mucho calor”, explicaba Ramon Asensi mientras daba los últimos retoques a las 16 plantas en el huerto.

Pocos minutos antes de las 10 de la mañana llegaban los Mayorales de 2017 y las Obreras Solteras Olga Coscollar y Mariquita Guerrero, auténticas protagonistas de la fiesta, con Pilar Ros y Amparo Lull, que desde primera hora de la mañana las acompañaban mientras las vestían en sus casas.

Después de las fotos oficiales llegaba el turno de que entraran al corral los “cositers” de cada una de las obreras que trajeron con ganas y alegría las 16 albahacas hasta la Iglesia de la Purísima durante más de 4 horas de calor, cassalla y tantas “voltetes” como les pidieron los vecinos, vecinas y visitantes que ataviados con las camisas de flores no quisieron perder un año más esta gran fiesta.

Los mayorales de 2017 no defraudaron y echaron 17.000 kilogramos de confeti, superando su propio récord de 2010 cuando muchos de ellos fueron ya festeros. Rafael Bovi y Josep Enric Alcácer tuvieron además la suerte de compartir la rodà con sus hijos, que vestidos de pequeños mayorales repartieron confeti con los padres.

La rodà transcurrió a buen ritmo, sin demasiadas paradas, puesto que las dos obreras solteras aguantaron el calor y el cansancio gracias a los sombrilleros y a sus familiares y miembros de la corporación municipal que no dejaron de cuidarlas y hacerles aire con sus palmitos.

Pasadas las dos del mediodía a las puertas de la iglesia se vivía uno de los momentos más especiales de todas las fiestas. Pilar Ros recibía entre lágrimas a su obrera Olga, que llegaba con una gran sonrisa. Allí se fundían en un gran abrazo que ya nunca olvidarán. Igual de sonriente llegaba Mariquita, que era recibida por Amparo, también emocionada. Después de un fuerte abrazo y muchos besos, Amparo le colocaba la mantilla a su obrera para entrar a la iglesia, tal como manda la tradición.