Tener la fiesta en paz con la ordenanza del ruido en Fallas, que no se convierta en foco de polémica pero, a la vez, asumiendo las limitaciones sin traumas son la clave en uno de los elementos que quedan por resolver de cara a las próximas Fallas. Así se ha hablado en la reunión mantenida por el alcalde Joan Ribó y el concejal Carlos Galiana con los representantes de la Interagrupación de Fallas (Guillermo Serrano, José Acosta y Miguel Prim), previa a la última reunión del Bando de Fallas.
La organización de la fiesta tiene dos puntos de fricción habituales entre las comisiones y la autoridad municipal. El calendario de las carpas parece en vías de solución, teniendo en cuenta, además, que las de 2023 son todavía unas fiestas con poca polémica (estarán sin uso poco más de un día y medio) y la Inter ha solicitado poder aumentar el número de carpas que se instalen el martes 7, no sólo las que se plantan en solares, teniendo en cuenta además que el número de empresas que se contratan son limitadas, con lo que el volumen de trabajo hay que repartirlo en el tiempo.
La limitación de sonido lleva preocupando en las asambleas desde que las fiestas se reanudaron. La limitación actual es de 90 decibelios en la calle y 85 en el interior de carpas y las comisiones. Las comisiones tienen asumido la adquisición de limitadores -artefactos que, conectados a los equipos, limitan los decibelios automáticamente aunque se superen o, directamente interrumpen el sonido-. Durante las últimas fallas se han escuchado quejas sobre la actuación municipal en el sentido de levantar actas consideradas injustas por la ubicación de las mediciones por parte de la inspección. Sí que es verdad que hubo sanciones por no disponer de estos limitadores pero, en general, la reivindicación de las Fallas es poder asumir las limitaciones sin traumas, pero también con la moderación propia de no sentirse “perseguidos”.



















